Es la primera vez que escribo un fic de Queer as Folk, pero creo que ha salido aceptable.
Se sitúa justo al final del 3x01, así que tiene spoilers de la tercera temporada. Necesitaba escribirlo después de darme cuenta de que estaba llorando xD
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No sabe cómo se llama, únicamente sabe que son 300 dólares. Por adelantado. Es rubio, se parece tanto a él…
A pesar de lo que diga Michael, de lo que digan todos. A pesar de que intente aparentar delante de Lindsay negando que le quiere, Brian está enamorado de Justin. De su perseverancia, de la manera que tiene –tenía- de plantarle cara, de cuestionarle todo lo que hacía. De tambalear su mundo perfecto de sexo y drogas, metiéndose a la fuerza en su vida y en la de todos, negándose a salir. De la manera que tenía de pedirle más. Y de la forma en la que le brillaban los ojos y se le iluminaba la cara cuando conseguía lo que quería.
Sunshine.
Quizás ahora esté mejor. Con el chico aquél, Ethan. Es doloroso imaginarse cómo será, dónde estará, que hará. Lo que dirá. Por eso no lo hace. Se inmuniza ante el dolor haciendo creer que no le importa, y su interpretación es tan perfecta que se la cree hasta él. Recoge lo que tenía (o creía tener) de Justin y lo vuelca en una noche, con un puto que se parece demasiado a él. Es realmente patético, pero nadie más va a saberlo. Es realmente patético, pero necesita despedirse.
A su manera.
Siempre ha sido todo a su manera.
En el fondo se lo merece, Brian nunca le dio a Justin lo que quería. Nunca hizo nada estúpidamente romántico, una cena, un detalle. Porque no cree en el amor, porque la mínima expresión de un compromiso le aterra hasta límites insospechados. Se defiende insultando, diciendo que no piensa parecerse a los jodidos heteros ni a una pareja de bolleras. Se escuda en unas excusas que tiene perfeccionadas tras años de práctica y que se cree hasta él, cuando lo que en realidad pasa es que tiene miedo. Miedo de que los demás sepan que les quiere, que pueden contar con él, que pueden confiar en él. Porque algún día podría irse y destrozarlos. Y ellos lo pasarían peor.
Le gustaría tenerle ahora con él. De modo que cierra los ojos y se deja llevar, imaginando que el cuerpo que se mueve bajo el suyo es el de Justin. Ahora que ha dejado semejante boquete en su vida (en el armario, en el baño, en la cama), no sabe cómo lo va a rellenar. Y cuando el puto se va, Brian se queda fumando en la cama. Horas. Mirando al techo y evitando pensar, esperando.
Lástima que no quiera admitir el qué.
A pesar de lo que diga Michael, de lo que digan todos. A pesar de que intente aparentar delante de Lindsay negando que le quiere, Brian está enamorado de Justin. De su perseverancia, de la manera que tiene –tenía- de plantarle cara, de cuestionarle todo lo que hacía. De tambalear su mundo perfecto de sexo y drogas, metiéndose a la fuerza en su vida y en la de todos, negándose a salir. De la manera que tenía de pedirle más. Y de la forma en la que le brillaban los ojos y se le iluminaba la cara cuando conseguía lo que quería.
Sunshine.
Quizás ahora esté mejor. Con el chico aquél, Ethan. Es doloroso imaginarse cómo será, dónde estará, que hará. Lo que dirá. Por eso no lo hace. Se inmuniza ante el dolor haciendo creer que no le importa, y su interpretación es tan perfecta que se la cree hasta él. Recoge lo que tenía (o creía tener) de Justin y lo vuelca en una noche, con un puto que se parece demasiado a él. Es realmente patético, pero nadie más va a saberlo. Es realmente patético, pero necesita despedirse.
A su manera.
Siempre ha sido todo a su manera.
En el fondo se lo merece, Brian nunca le dio a Justin lo que quería. Nunca hizo nada estúpidamente romántico, una cena, un detalle. Porque no cree en el amor, porque la mínima expresión de un compromiso le aterra hasta límites insospechados. Se defiende insultando, diciendo que no piensa parecerse a los jodidos heteros ni a una pareja de bolleras. Se escuda en unas excusas que tiene perfeccionadas tras años de práctica y que se cree hasta él, cuando lo que en realidad pasa es que tiene miedo. Miedo de que los demás sepan que les quiere, que pueden contar con él, que pueden confiar en él. Porque algún día podría irse y destrozarlos. Y ellos lo pasarían peor.
Le gustaría tenerle ahora con él. De modo que cierra los ojos y se deja llevar, imaginando que el cuerpo que se mueve bajo el suyo es el de Justin. Ahora que ha dejado semejante boquete en su vida (en el armario, en el baño, en la cama), no sabe cómo lo va a rellenar. Y cuando el puto se va, Brian se queda fumando en la cama. Horas. Mirando al techo y evitando pensar, esperando.
Lástima que no quiera admitir el qué.

